lunes, 9 de julio de 2007

¿Vida?

¿Estás vida?
Te he estado buscando... sabías
ultimamente he estado cansándome de redactar testamentos
y de dibujar tormentos.

¿Me escuchas vida?
El que ha de darme la extrema unción aún no ha sido parido
y dormir la muerte disfrazada se hace gracioso
como cosa de mafioso.

¿Vida?
Ahora de vivo, es verdad, soy el fin de los índices
mas de muerto mis vicios no importan
entonces.. ¿Hoces se estrenan?

¿Sigues ahí vida?
Anoche llamó Quijote entre botellas se oía
y me puso al teléfono a Rocinante
me extraña el viejo elegante.

¿Entiendes vida?
Anda aburrido el viento y con frío
su devenir lo a aturdido
ya los versos lo han sabido.

¿Sabes vida?
Ahora te entiendo menos que cuando párvulo fui
y de noche eres más complicada
lo peor de todo... andas enmascarada.

¿Ya vida?
Nos podemos ir al Tibet
a soñar como ayer en concreto
sin whisky, sin tabaco, sin coca, sin armamento.

Fumar o dejar de fumar, esa es la cuestión

Debo dejar de fumar. Así de claro, así de sencillo. Bueno pues, pero... este... mmm... ya pues por donde empiezo. Haber cuántos de ustedes, mis queridos y pasajeros lectores, han estado en esta misma conjetura.

A mis 21 años el tabaco me ha apaciguado en más de una ocasión, me ha librado de severos pleitos conmigo mismo, me ha alejado de las malas compañías, me a acompañado en las noches más frías, me ha dado valor para mirar a una mujer y decirle cuanto la amo, me ha dibujado historias hermosas y dignas de ser plasmadas en papel como cuentos... ¡Dios mío qué quiero hacer, el cigarro muchas veces ha sido mi única compañía! ¡Dios mio cómo me arranco este pedazo de vida! Un momento ¿Porqué tengo que quitarme este placentero, especial y casi orgásmico vicio? Sólo por eso, por ser un vicio.

Hace algunos meses leía la defensa de un fumador que fue mi profesor hace algún tiempo. Éste decía y afirmaba -a pesar de las tantas propagandas culpando al cigarro de las muertes de tantos y tantos- que el cigarro no mataba. Cuan cierto estaba aquel hombre. Nunca estuve más de acuerdo con este señor. Si pues el cigarro no mata, al contrario salva.

Señores, seamos sinceros, cuántas veces hemos estado a punto de putear a alguien por alguna burrada que éste halla cometido y antes de abrir la boca para destilar tanto veneno cuanto podamos y le hagamos recordar hasta al gato de su madre, nos hemos apartado, hemos sacado de nuestro bolsillo esa sacrosanta cajetilla, hemos cogido el santísimo cigarro, lo hemos llevado a la boca y previa búsqueda del encendedor lo prendimos, aspiramos como asmáticos: La santísima y salvadora piteada, y nos hemos calmado, nos hemos distendido, nos... nos llegó al carajo lo que el burro ese hizo.

A pesar de todo eso debo dejar de fumar, eso dice mi médico, y mi novia, y mi hermana, y mis padres, y mi amigo, y mi hijo (Jak), y... y la gran flauta que los mando a quitarme los vicios. Cuándo entenderán que Dios los puso en mi camino para amarme no para quitarme los vicios.

Como sea, debo dejar de fumar. Ya se me hace difícil correr, y cargar peso, y mantenerme sin mareos, y no toser, y... y que miércoles, si gracias al tabaco he escrito tantas historias hermosas que jamás han sido leídas, he escrito tantas cojudeses que sí han leído, he escrito tantos poemas que han desnudado mi alma, he... he decidido que se pueden ir mucho a la mismísima porra y a trapear el mar porque no dejaré de fumar.

sábado, 7 de julio de 2007

Estoy así

Estoy enterado de la muerte de mi última esperanza.

Estoy desahuciado en un rincón de alguna habitación desocupada de mi corazón.

Estoy consiente de cumplir mi palabra.

Estoy inerme ante tu fuerte mirada.

Estoy sin frío donde las calles usan bufanda.

Estoy enamorado hasta los huesos de unos cabellos.

Estoy afligido por la ausencia de tu voz.

Estoy desesperado porque sea diciembre.

Estoy maldiciendo a la voz de la experiencia.

Estoy fungiendo de ser viviente.

Estoy bendiciendo a los ceros a la izquierda.

Estoy cansado de parodiar parodias de mi mismo.

Estoy vencido sin honor en dos combates.

Estoy fumando para jugar a ser escritor.

Estoy ebrio porque así las ideas son más libres.

Estoy extrañando por que si no lo haría estaría realmente solo.

Estoy pensando en los de... Viva el Atleti manque pierda.

Estoy tratando de dejar de ser despistado.

Estoy queriendo escribir la crónica de una muerte jamás escrita.

Estoy mirando a una mujer de negro que llora por no poder tocarme.

Estoy repasando mi pasado para no aburrirme y respirar.

Estoy leyendo La Catedral del Mar.

Estoy imaginando la vida sin coca.

Estoy perdiéndome el el humo de mi cigarro.

Estoy entendiendo que el respirar es un lujo transitorio.

Estoy llamando pan al vino.

Estoy... todavía estoy por estar.

lunes, 2 de julio de 2007

La pena del barba azul

Él estaba recostado en la pared del frontis de su casa. Sentado y encogido, sus brazos abrazaban sus piernas. Un cigarro entre sus dedos iluminaba un poco su presencia que se perdía en la penumbra que nacía de la sombra de un árbol frente a su casa. La noche era más noche que nunca, el frío era más frío que nunca, su pena era más pena que nunca.

Me acerqué dubitativo, pocas veces conversábamos, pero esas conversaciones eran de las más abiertas que él tenía. Lo conozco hace mucho tiempo, a veces lo amo y a veces lo odio. Para ser sincero trato -casi siempre- de evadirlo. Su compañía me atiborra la mente y los sentidos, simplemente me deprime.

Como sea, aquella noche lo vi y me acerqué. Pensé en preguntarle cómo estaba, su mirada respondía por él, así que preferí no quedar como estúpido y asumir la respuesta tácita que él me daba. Él abrió la conversación -con una sonrisa y una lágrima en los labios- afirmando que no podría vivir sin ella. Lo mire y me senté a su lado.

Un silencio de los que tanto disfrutábamos ambos envolvía el ambiente. No quería romper ese momento, pero una pregunta saltaba a escena por sí misma: ¿Crees qué no tengan arreglo?, dio una piteada a su cigarro y rompió en llanto. En ese momento quise abrazarlo, calmarlo, decirle que todo volverá a ser como antes, que tenga paciencia, pero sería como alargarle la agonía a un desahuciado, así que callé. Un gato bajaba por el árbol, el teléfono sonaba, su hermana miraba de la puerta dudando si llamarlo o no, su perro se volvía loco por el gato, él no encontraba alivio en su desahogo.

Se enterraba cada vez más en su quebrar. Su hermana pasó a su casa antes de derrumbarse por penas ajenas. Él parecía que estaba destinado a morirse por la tristeza. Estaba sano y bueno, sin una gota de alcohol y sin una sola peca blanca en su nariz. Su pena la estaba viviendo en sus cinco sentidos, el tipo estaba muriendo en vida, poco a poco se envenenaba con sus lágrimas.

Calló su llanto tal y como vino, de golpe. “Entendí”, me dijo. “Ella no es culpable, el amor se marcha cuando se ve sufrir. Poco a poco se va, eso es lo peor de todo que no se marcha de una. Claro si fuera así sería más fácil para ella y para mí. Pero no, ella tenía que tenerme cerca para darse cuenta de todo o tal vez ya lo sabía y quería confirmarlo. O quizás en ese mes me olvido... no lo sé. Ella no es culpable, yo tampoco, nadie tiene la culpa. Ahora yo la amo y ella me olvida, así de sencillo”, una lágrima ahogada en su garganta cortó su monólogo, entonces pregunté: ¿Qué harás?... “Debo de olvidarla antes de extrañarla", respondió y siguió... "o tengo que aprender a vivir sin sus ojos antes de que me de cuenta que ya no la tengo. De algo no tengo duda, la amaré por siempre, no sé si merezca esto o no... pero no puedo arrancármela, prefiero pensar que en la tarde ella saldrá con su madre y por eso no podré verla, prefiero creer que está cansada y duerme a que la noche se la llevó... aunque, para ser sincero, prefiero creer que nunca dejó de ser mi amiga, que nunca fue mi mujer. Algo me deja tranquilo, ella trato de engañarse a sí misma, pensó que por la noches sin dormir, las tardes sin comer, los días de llanto, por todo ese sufrir, ella tenía una responsabilidad y que tenía que amarme, pero no pudo, a veces el deber no manda al amor...”

Ahí y así lo dejé, nunca más muerto que ese momento, nunca más triste que esa noche, nunca más abandonado desde ese adiós... Asi quedo, sentado y encogido, sus brazos abrazaban sus piernas. Un cigarro entre sus dedos iluminaba un poco su presencia que se perdía en la penumbra que nacía de la sombra de un árbol frente a su casa. La noche era más noche que nunca, el frío era más frío que nunca, su pena era más pena que nunca... tal como lo encontré.

viernes, 29 de junio de 2007

Un desfogue en agonía

Con qué derecho maltratas a mi corazón, a mi vida. Con qué derecho adjetivisas a mi princesa, a la dueña de mi corazón. Aléjate de ella, hay razones para exigirlo, para obligarte. Ella es mi futuro aunque ya no la tenga.

La perdí o a puertas estoy de eso; a ella y a mi sueño de una niña. Qué buscas ahora, qué más. Estos enredos me terminaron de joder el presente. Ahora sí estoy peor que nunca, cargo la culpa de otros y las razones mías. Cómo entender que no me veré más en los ojos de mi Lili, cómo aceptar una derrota por la cual ni he peleado.

Ya no importa nada, una partida sin retorno, una noche a medias, una promesa sin cumplir. estoy en el limbo de entender lo que no hice y de quedar como siempre. Ella ya no regresará y la pena me empieza a carcomer desde adentro.

A la mierda contigo y con todos, lograron su cometido, confié en ustedes y me cagaron el ayer, el hoy y el mañana.

Cómo carajo le explico al corazón que siga latiendo sólo por inercia,"sin ella no hay razones", contestará, ya lo hizo un par de veces. Razones hay para unos días, explicaciones las tengo, pero que al salir de mi boca se convierten en mentiras y así llegan a los oídos de los demás.

Porqué mierda apareciste, porqué mierda me la tocaste, porqué carajo no te bastó con una razón sensata. Cuántas tretas más tienes bajo la manga, cuántas llamadas más, cuántos mails más...

Esto es sólo una descarga, desaparece, cerremos una historia que no es entendible. No volveré a escribir para despotricar de ti, pero entérate que me terminaste de matar en vida. Mi princesa no sabe ni entiende, sólo se deja llevar por todos, y su entorno me juzga y me lastimará. Ojalá y entiendas. Ojalá y mi vida me regrese mi vida...

Un cuento corto...

Cuando el soldado regresó de la guerra y buscó su vida entre cartas, fotos y viejas canciones encontró que todo había cambiado. Su amada, su fiel compañera y dócil mujer, se había convertido en un témpano de hielo, en una caja de pandora que al abrirla se atiborraba el ambiente de nombres, de saludos, de alcohol, de noches de fiesta publicadas sin el menor pudor.
Él no hallaba comodidades. Volvió al hogar es verdad, pero no sabía si podría vivir con los rezagos de una vida que se liberó y que aprendió del mejor a como sobrellevar el dolor y así crecer.
Los pensamientos lo mataban. Los recuerdos de antes de partir a la guerra lo atiborraban: ese cariño tan puro que se tenían, el amor sumiso de ambos y los besos casi siempre el principio y fin de todo. Quién sabe si ella supiera lo que pasó él, qué pasaría si confiara.
No aguantó más, se puso fuerte unos días y no pudo más. Cayó al inmenso abismo del alcohol y las drogas donde uno busca refugio y una pala para cavar su tumba. Se suicido. Se llevó con él los recuerdos del amor más puro y grande que el mundo jamás vio y que jamás volverá a ver...

lunes, 25 de junio de 2007

Volver...

Una de mis canciones favoritas, del gran Carlos Gardel
Yo adivino el parpadeo
de las luces que a lo lejos
van marcando mi retorno.

Son las mismas que alumbraron
con su pálido reflejo
ondas horas de dolor.

Y aunque no quise el regreso
siempre se vuelven al primer amor.

La vieja calle
donde el nene cobijó,
suyo es su vida,
suyo es su querer.

Bajo el burlar mirar de las estrellas
que son indiferentes hoy me ven volver.

Volver con la frente marchita
y la fiebre del tiempo que flaquearon mi ser.

Sentir que es un soplo la vida,
que veinte años no es nada,
que febril la mirada,
que errante en la sombra se busca y se nombra.

Vivir con el alma aferrada
a un dulce recuerdo que no volveré a ver.

Tengo miedo del encuentro
con el pájaro que vuelve
a enfrentarse con mi vida.

Tengo miedo de las noches
que pobladas de recuerdos
encadenen mi soñar.

Pero el viajero que huye
tarde o temprano detiene su andar.

Y aunque el olvido que todo destruye
halla matado mi vieja ilusión
guardo escondida la esperanza humilde
de mi pobre corazón.