miércoles, 27 de febrero de 2008

Digno de nosotros

Él divaga entre el deseo y el placer. Ella sueña con mares dulces y arenas blancas. Él lee poesía y escribe prosa lujuriosamente desquiciada. Ella cocina ilusiones y saborea prohibiciones. Él puritanamente estepario y fumador. Ella extremadamente acompañada y encantadora. Él de algún infierno y ella de todos los cielos.

Una mañana, hace copiosa cantidad de abriles, se cruzaron. De sonrisas y miradas se enamoraron, de mañanas y conversaciones se apropiaron. Un desierto de diferencias los apartaba, él y sus errores aumentaban la distancia.

El destino mañoso y caprichoso osó juntarlos. Escucharon y comprendieron que el amor verdadero es como las rosas... mientras más bellas, más espinosas.

Ella llora, reclama y lo extraña. Él calla, se atiborra de problemas y aún la ama. Ella rompió sus mañanas y pasados mañanas en un mes. Él, prisionero de sus culpas, juega a ser abyecto, sordo y mudo.

Él le da la espalda a reinos futuros y abraza lo incierto por un beso. Ella lo ama y lo odia, necesita su ausencia casi tanto como su presencia.

La princesa y el bohemio están juntos. Pasados y presentes, sístoles y diástoles, te amo y te odio, no me dejes y márchate... enamorados para la eternidad y más.

domingo, 13 de enero de 2008

Ollanta Humala

El porqué de lo que muestra
La formación detrás del personaje
Una rápida, pero juiciosa vista a las tendencias de la formación socio política de Ollanta Humala

Conozco a un personaje algo perdido en el limbo del dejar hacer dejar pasar. A un ente algo distraído de memoria con poca prolijidad para recordar. Soy parte de los tantos que oyó a un ser que apalea al castellano. Soy testigo de un híbrido de militar. He visto hasta el hastío al guerrero que todo lo mira, como lo dice su nombre. He seguido lo pasos de Ollanta Moisés Humala Tasso.

Nacido en Lima un 27 de junio de 1973, pero autoproclamado ayacuchano en una ceremonia con Hugo Chávez en Venezuela, Ollanta fue el producto de Isaac Humala y Elena Tasso. Segundo de siete hermanos, el párvulo de pequeño debió pensar que el país estaba al revés y de espaldas a la realidad. Y es que con ingentes cantidades de blasfemias y exacerbaciones del comunismo, la familia Humala -dirigida y dictada por Isaac- absorbía tendencias de ultra izquierda, fascistas, antisemitas y chauvinistas.

Estudiante promedio del colegio Peruano-Japonés La Unión de Lima donde ya mostraba inclinaciones tendenciosas y preocupantes hacia la exacerbación de patriotismo, y cadete de la Escuela Militar de chorrillos, combinaba su formación educacional con la formación familiar.

Y que me sentencien a vivir con Elena si miento, porque es verdad y voy por partes. Isaac Humala es el creador de la doctrina Etnocacerista. En cristiano, un movimiento caracterizado por el
nacionalismo étnico que evoca tanto al poderío y la identidad inca de la época prehispánica, como al nacionalismo peruano a través de la admiración del ex presidente Andrés Avelino Cáceres
.

Esta tendencia es -más que utópica- muy graciosa. Primero: el ex dirigente comunista alienta a la recuperación de territorios históricos, lo cual no tendría nada de cómico y mucho de respetable sino se referiría a la época prehispánica. Ecuador, Argentina, Chile, Colombia y la gran potencia sudamericana Brasil, para la soñadora mente de Isaac Humala, deben regresar al Perú y reformar al gran Tawantinsuyo. Segundo: Isaac Humala pretende reemplazar a la élite de los criollos y asiáticos. ¿Cómo? Desconozco mayormente. Supongo que de la misma manera que pretende invadir a los países ya mentados, es decir, a punta de fusil y pene; y sólo me supongo porque en el compendio de documentos que el creador del etnocacersimo ha escrito no señala las maneras, sólo los fines. Tercero: este pintoresco personaje, que influyó con demasía en Ollanta, desea cerrar las fronteras. La única globalización que él conoce parece ser la referida a la decoración con globos de su hogar. Él solo puede todo, necesita únicamente la explotación de sus recursos y ya está. El nacionalizar todo es su dogma. Cuarto: establecer la pena de muerte; y frente a este punto si no estamos de acuerdo sólo nos queda dos opciones, o nos largamos a otros lares o les hacemos compañía a los de Madre mía. Quinto: Lo más contradictorio de todo, legalizar la hoja de coca. Y digo contradictorio porque tiene como fin supremo erradicar al narcotráfico en su totalidad.

Y ustedes dirán ¿Y porqué este imberbe me habla de su padre y sus tendencias? Pues, he de recordaros que dos de sus hermanos son etnocaceristas a puertas abiertas, confesos y contentos. Además, qué diferenciaría a Ollanta de sus hermanos si todos fueron criados por igual y según los psicólogos es muy complicado que las ideologías varíen de acuerdo al individuo dentro de una familia tan vertical como los Humala. Y, además, por la simple y sencilla razón que en su plan de gobierno el líder del partido Nacionalista Peruano, del cual es fundador, de manera muy asolapada inyecta dosis de etnocacerismo.

Pero volviendo al tema de su formación, párrafos anteriores afirme que existían aspectos fascistas y antisemitas, pues lo reafirmo. Ollanta es un individuo que exalta y sobrepone la idea de nación frente a la de la persona y sociedad. Textualmente lo dijo en muchas de sus entrevistas durante su campaña, y como al parecer nadie le ha pasado el dato que éste es un principio fascista lo continúa haciendo apelando al poco interés de los peruanos por conocer las tendencias que más daño le hicieron a la humanidad. Además concentra todo el poder en sí mismo, se muestra como el único líder que, aprovechándose de la frustración popular, arremete contra las clases sociales ya establecidas. Es mas, es expansionista y militarista; no se esperaba menos de un hijo de Isaac. Muestra más claras de fascismo, imposible de encontrar.

Amante y admirador de Velasco Alvarado -una de las tres personas que más daño le han hecho a este país junto con su madre que lo parió y Fujimori- exalta y proclama la idea de la tierra es de quien la trabaja (sin importar su preparación y erradicando la teoría social de Manuel Castells en la que se dice que cada individuo tiene un rol dentro de la sociedad según su preparación), la autorregulación gubernamental, como para bruto, es solo se fiscaliza y el impulso de mercado peruano pero sólo dentro de su propio suelo y con su país amigo Venezuela y de soslayo con Bolivia.

Xenofóbico a ultranza, como su padre, su rencor con Chile es probado e incontrolable. Racista confeso: sólo los cobrizos deben gobernar ya que son los verdaderos peruanos.

Todos los dogmas mostrados aquí son influencias de su padre, de una ideología desfasada y arcaica absorbida de libros y documentos donde Hitler, Mussolini y Velasco son los protagonistas.

Sobre Ollanta Humala queda mucho por decir. Aspectos como su participación en el gobierno del Fujimori, su patrocinio desconocido para su campaña y las denuncias que pesan sobre él por violar los derechos humanos en su época de militar, son puntos que dan testimonios tangibles de su formación y sus inclinaciones políticas.






viernes, 11 de enero de 2008

S.O.S

Estoy sufriendo de sequía literaria, estoy a puertas de volver a ser de los que anda a pie. Ayuda! Ahora sobre que escribo?

sábado, 5 de enero de 2008

...Dolita...

Debe haber un cama fría y sombría. Adivino que las noches han de ser cortas y cansadas. Supongo que debe haber mil frazadas con muchas medias. Me figuro una mesa pequeña frente a la cama, y sobre ésta un televisor. Imagino mucha pena regada por los suelos, además de híbridos de lágrimas y suspiros. Pero no me deprime, entiendo que en la nada se guarda las esperanzas, las miradas, los recuerdos. Y si en los recuerdos mantienes los rostros y voces que añoras, no estás sola ni débil, sólo estás adormecida y engreída.

lunes, 17 de diciembre de 2007

De vacaciones por el quinto aro del infierno...

Copiosa cantidad de tiempo que no escribía y no por desgano, desidia o abandono al santo ocio. Razones tan fuertes como abyectas me alejaron de la computadora y se apropiaron de mis mañanas, tardes, noches, osaron quitarme el tabaco, el alcohol, las gaseosas, los chocolates, las galletas y los helados. En conclusión estas razones, hijas de un mala madre, me mantuvieron jodido a merced de cuantas bacterias deseen copular, criar a sus bacteritas, juntarlas con otras bacterias (ya crecidas, claro está) y continuar con un circulo vicioso que lastraba más y más mi ya mellada salud.

En el comienzo de mi travesía por los mares de las enfermedades, yo, fiel creyente de que así como todo viene así se va, no hice el menor caso a unas erupciones que de la noche a la mañana aparecieron en mis brazos y cuello. Eran las últimas semanas universitarias, de esas en las que sólo tienes tiempo para fumarte un cigarro entre exámenes, darle un fugaz beso a tu novia (la cuál esperas que no se olvide de tu nombre y rostro a causa de tu ausencia), estudiar como si de eso dependiera tu vida y estresarte como Papa Noel en navidad.

De cualquier modo, yo ya entregaba el segundo avance de mi tesis (un curso que enferma y aloca a todos los estudiantes de 7mo ciclo. Quizás el que más esfuerzo requiere en toda la carrera, dependiendo del profesor con el que lo lleves) y me distendía quizás un poco, ya que para ser honesto ese fue el curso que más me jodió la existencia en todo el ciclo y al cual mayor interés y noches le dediqué. Lo presenté un miércoles, esa misma tarde pensé en tomarme todo el bar, fumarme todo el cigarro del país, disfrutar de mi novia y de la voz de Ibraim Ferrer. Pero como no todo en la vida es como uno quiere, me conformé viendo un partido del mediocre campeonato local y rascándome las incipientes ronchas que aparecían en mis brazos.

A la mañana siguiente, junto con las ingentes cantidades de exámenes que me faltaban por dar, una invasión numerosamente increíble se había apropiado de mis miembros superiores y mi cuello. La picazón destrozaba mis nervios y dejaba marca en las ronchas reventadas a uñazos. Con el mismo interés que le dí al curso de gestión empresarial, traté a las ronchas y a sus puteadas consecuencias (la picazón), es decir ni de soslayo las miré.

Pero con el pasar de los días (casi una semana y media), las malditas se habían esparcido por todo mi cuerpo y ya eran insoportables tanto para mí como para los que me rodeaban porque estas ronchas tenían la asombrosa capacidad de sacarme de quicio y mantenerme en un mal humor constante. Algo debía hacer. Entonces fui donde un doctor amigo y me recetó una inyección que por el dolor me hizo ver a Judas calato y unas pastillas que valían lo mismo que una Pilsen (la cerveza más rica del mundo) bien heladita más tres Luckies light de esos que fumo. Su diagnóstico: estrés y mi sistema nervioso a punto de colapsar. Eso había dado pie a las ronchas.

Como sea... primero es la salud, así que consumí las dichosas pastillas durante cinco días y me abstuve de cuanto placer Dios puso en estos lares, pero no hallaba respuesta, las pastillas no servían y la picazón me mataba.

Como para terminarme de joder la vida había acabado el ciclo y no pude irme a desbandar cual vikingo llegado a puerto, además en unos día tenía una fiesta que prometía secuestrar a la Backus (empresa cervecera más grande del país) y traerse a medio mundo salsero y regueetonero (ni modo) y yo no podía tan siquiera estar a veinte metros del humo del tabaco porque ese era uno de los entes que activaba mis ronchas y me hundía en el agobiante mar de la picazón. Como sea, llegado el día de la fiesta mis ronchas había bajado. Tras más de cinco días de consumo de las pastillas, cuatro inyecciones, un rezo santero, una pasada de cuy y una bañada en agua bendita me sentía mejor y listo para ir a disfrutar de los placeres de la vida.

Sólo me jodí. Al primer sorbo de cerveza me empezó a picar el cuerpo, pasado unos minutos las ronchas se habían activado. A la mañana siguiente estaba peor que nunca y tuve que privarme una semana más de todas las cosas ricas y que producen placer para por fin poder librarme de las malditas ronchas.

Justo cuando mejor me sentía y las ronchas habían desaparecido en su totalidad, un tímido dolor de cabeza asomaba por las mañanas para acompañarme todo el santo día. Mentado dolor se hizo cada vez más fuerte hasta lograr mandarme a la cama días seguidos. El maldito no me dejaba en paz, ni las excedrin (o como se escriba), ni las aspirinas, menos las dorixinas hacían efecto.

Una semana de inclemente dolor fue la que pasé. Y cuando éste se aburría de mi cabeza y decidía marcharse junto con sus mareos y vómitos, le toma la posta un dolor de garganta que ni Dios lo aguantaría, seguido de una gripe que me tiene tumbado en cama tres días temblando como perro con distemper, sudando como chancho rumbo al camal y empezando a oler como éste ya que no me baño hace tres días.

jueves, 22 de noviembre de 2007

...

Lo peor de extrañarlos es ser mudo,
es jugar a ser inherente del olvido
tratando de borrar pasados cercanos,
lejanos, añorados y no realizados.
Lo cercano de amarlos desde lejos
es como vivir con los ojos cerrados
apartándome del mundo en silencio
y rogando por que no pase el tiempo
para desear soñarlos con más ganas
y para continuar lapidando esas ansias.
Y es que lo peor de amarlos no sólo es eso,
es querer ya no querer sentirlos
al vivir el lunes pasando por los domingos,
es limitarse a tentar sólo palparlos
sin punto seguidos, sólo abyectos finitos.
Lo peor de amarlos no es sólo amarlos,
es putearlos entre marzos y junios
y creer sentirme perdido en el sol de fa
y querer dormir unos tres meses
para despertar irrisoriamente alineado,
diferente y viviendo con un abrazo soñado.

martes, 20 de noviembre de 2007

Un paréntesis académico: Reportaje final.

La Unidad Central del Escuadrón de Emergencias del Callao vive y muere por erradicar la delincuencia del puerto
¡Central 105… Siempre listos, siempre presentes!
Una crónica introspectiva del escuadrón más requerido del país


Son las 5:30 a.m. La brisa, gris y renuente a marcharse, abraza y cobija a todo el puerto. La noche está por terminar y los primeros rayos de luz se van colando entre el flirteo de la madrugada y la mañana. El frío se apacigua en su intensidad y los efectivos comienzan a llegar.

Algunas combis sobreparan frente a la Unidad Central del Escuadrón de Emergencias del Callao (radiopatrullas) -ubicada en la avenida la Paz- y de éstas descienden hombres jóvenes y experimentados de porte respetable y amenazador. Otros tantos apuran el paso cruzando la avenida con periódicos bajo el brazo, cabezas enterradas entre los hombros, manos en los bolsillos y una maleta que cuelga de uno de sus brazos. Paralelamente a esto unos autos, modestos y nada lujosos, parquean en el patio de la base.

Dan la bienvenida a la unidad un portón abierto de par en par y el imponente escudo de la policía nacional del Perú dividido por la apertura de éste.

Dos plantas, ya dentro del establecimiento, reciben a los personajes que protagonizan una ardua lucha de veinticuatro horas contra el hampa chalaca para conseguir la tranquilidad de los vecinos. En el primer piso están las oficinas administrativas y una central radial que consta de veinte computadoras unidas a la red radial-telefónica policial -no tan grande como la central 105 del Callao ubicada en el cuartel Alipio Ponce donde reciben todas las llamadas de emergencia del puerto para ser emitidas a la unidad de radiopatrullas- lo suficientemente eficaz para poder recibir los mensajes de la central 105 y reenviarlos a las camionetas.

Al fondo de esta planta una oficina, en la puerta consta un nombre y un cargo: El Coronel PNP Luis Praelis, quien es el encargado de toda la unidad. Praelis es un hombre de altura promedio -no debe pasar el 1.78cm- y cuerpo atlético a pesar de sus cuarenta y ocho años encima. Tiene la mirada profunda y el rostro duro; “cara de piedra” le decían en la escuela de oficiales en sus tiempos de cadete. Ahora, los subalternos lo llaman así a sus espaldas; él lo sabe y sólo sonríe.

Praelis está a cargo hace un año, exactamente el mismo tiempo desde que tomó el mando de toda la provincia del Callao el General PNP Jordán. “Un excelente general, es muy correcto; a él no le gustan las cojudeses y se está matando para que la policía del Callao se acerque más a su gente y para que ellos cuenten con nosotros y nos colaboren”, afirma “El Oso” un técnico que pesa alrededor de 110 kilos.

En la segunda planta, a los extremos, se encuentran los vestidores, dos para ser exactos; tan largos como claros y verdes. Ornamentan los ambientes de vestido casilleros numerados del uno al setenta (por cada vestidor), bancas de tres metros de extensión, poyos de mayólica blanca y sobre estos cuadros con motivos policiales fraseados con palabras de ánimo y versos de carácter motivador. A los confines de estos pabellones se encuentran apiladas cincuenta camas de una plaza cada una donde los efectivos reposan y descansan dependiendo de las órdenes de su superior.

Los hombres ingresan a los vestíbulos, un olor a pulcritud y soñolencia se mimetiza con los saludos, chascarrillos y alaridos que terminan por despertarlos. Son 125 -en total 250 policías- que relevarán a los que se encuentran vigilando las calles del Callao. En su mayoría son de armas (policías egresados de la escuela de suboficiales) y sólo un pequeño porcentaje de los efectivos son especialistas (civiles que se integraron a la policía y llevaron cursos de rigor que duran entre los tres y cinco años), aunque esto es transitorio ya que se ha ordenado que este escuadrón este completamente integrado por personal de armas.

Las duchas se apresuran a tener su fin, los borceguíes listos para ser puestos; los hombres ajustan sus pantalones y aseguran el correaje donde cargan la cartuchera que alberga la pistola nueve milímetros, fiel e inseparable compañera, que se verá secundada de sesenta municiones. Las chompas negras, lo suficientemente entalladas para que al calzarse los chalecos antibalas éstas no incomoden, se ven retocadas por bruscos sacudones antes de ser usadas.

Una mirada al espejo de algún casillero, un segundo de ahondarse en el limbo de la indecisión y el temor por perder todo, por dejar la vida en las calles, un recuerdo del beso de una familia, la sonrisa de los hijos, el cuerpo de una esposa; un parpadeo lento y resignado convierten ese rostro en muestra de determinación, seguridad y orgullo. Caminan hacia el patio y como dogma religioso, tras cruzar la puerta de los vestidores, los efectivos se colocan sus características boinas rojas.

Ahora son las 6:00 a.m. Los 125 policías se encuentran en el patio en formación. “Un excelente personal, lejos mejor que el de Lima, la mayoría llego aquí por increíbles y asombrosas intervenciones en sus comisarías y el resto, al salir de la escuela y ser seleccionados por su porte, llevo el curso de emergencista en la Central Radiopatrulla de Lima”, sostiene en General Jordán.

El Coronel Praelis pasa revista a su tropa con las manos atrás, cabeza arriba y ojos juiciosos. La mañana ya está clara, la brisa gris raramente se ha marchado; rayos de sol se cuelan entre las nubes y el himno del Perú empieza a sonar.

Termina la ceremonia de todas las mañanas. Noventa camionetas -cuarenta pathfinders y cincuenta de las nissan verdes que a ningún efectivo les gusta. “Carajo, esas camionetas son para hembras, ahí tengo que manejar recogido y termino entumecido”, se le escapa a “chiquito”, un chofer de 1.90cm- esperan por sus ocupantes. Cada camioneta es encomendada a un operador quien será el que se encargue de acercarse a los autos, usar la radio e intervenir a sospechosos, y a un chofer; estos cargos -sólo los cargos ya que las parejas duran aproximadamente un año- varían cada mes.

Todo listo, una a una las radiopatrullas empiezan a desfilar por el portón. La imagen del Santísimo Corazón de Jesús, pintada al lado de este, los despide y los llena de fe para salir a las calles sabiendo que quizás alguno no volverá, como le paso hace cinco meses al brigadier Gonzalo Gonzáles, más conocido como el compañero “Chalo”, quien dio su vida por proteger de las balas con su cuerpo a un niño de ocho años.

Cada unidad se dirige a su punto establecido (que por reglamento variará cada veinte días): cruces de avenidas, esquinas en calles de alto nivel de delincuencia, casas de personajes importantes como congresistas, alcaldes, etc. y a las comisarías del Callao. A cada una de las trece comisarías existentes en el puerto llegan tres unidades de la central de emergencias. Éstas patrullarán dicha jurisdicción las veinticuatro horas que dure su servicio.

La mañana transcurre entre denuncias (violencia familiar, robos pequeños, atropellamientos de mascotas) que llegan a la central pero por ser menores son depuradas a las comisarías del sector. La tarde no sólo trae consigo el hambre ni la necesidad de cargar combustible (catorce galones diarios) en el grifo de la policía ubicado en la avenida Colonial, llamadas por robo a tiendas, intentos de secuestro, balaceras son el común de la esas horas. Es hora de alistar las 250 municiones y cargar la AKM de rigor que cada camioneta porta.

Puerto nuevo, Acapulco, Sarita Colonia, Los Barracones (conocido ahora como las Barracas), Gambeta Alta y Gambeta Baja (todas pertenecientes a la jurisdicción de la comisaría de Callao Cercado) son los lugares que en la tarde y la noche se convierten en zona de sangre y lastre de la humanidad. Las intervenciones se incrementan en estas zonas. Las llamadas recibidas en la central llegan a cuarenta sólo en una hora. Los efectivos responsables de esa jurisdicción aumentan esfuerzos en ingentes cantidades para combatir a la delincuencia reinante.

Así pasa el día la Central de Emergencias del Callao. Hombres comunes que, como a nosotros, sus familias los esperan por volver a sentirlos vivos y a su lado. Gente que teme y añora con el pasar fugaz de veinticuatro horas, pero que saben que en sus hombros carga la tranquilidad y seguridad de la población y no dudarán en poner el pecho para darle la paz merecida a un pueblo pujante, cuna de talentos deportivos, musicales y literarios, y amigable como es el Callao.